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Dos visiones y una elección

Actualizado: 28 jul

La hipérbole es un mal de nuestros tiempos. Cualquier cosa es “histórica”, un adjetivo que ha tomado un matiz casi cómico. Sin embargo, ocasionalmente hay casos históricos genuinos. Las elecciones estadounidenses que se aproximan es uno de ellos.

 

El presidente Donald Trump y el exvicepresidente Joe Biden tienen visiones contrastadas de la economía estadounidense. No son diferencias de fondo: en los Estados Unidos hasta los más acérrimos rivales políticos, casi sin excepción, beben de una fuente común ideológica con respecto a los aspectos fundamentales del hecho económico, basado en la propiedad y el libre mercado. Richard Hofstadter lo definió con genio como parte del “whiggish center” original de aquella nación.

 

Sin embargo, hay suficientes puntos de contraste entre ambos candidatos y sus seguidores para que estos grados de distinción tengan consecuencias. En caso de prevalecer Trump podemos esperar más de lo que hemos visto hasta ahora. Trump es consistente, quizá porque no es ni se intenta comportar como un político profesional. Así, veríamos, probablemente, la misma ortodoxia económica matizada por las necesidades imperativas del presupuesto federal, es decir, impuestos relativamente bajos, pero sin mayor compromiso con una reducción del gasto público y, sobre todo, un enorme esfuerzo para continuar liberalizando sectores enteros de la economía.

 

Adicionalmente, no hay razón para pensar que cejaría en su empeño de redibujar las líneas económicas de un mundo globalizado. Biden es una ecuación con más incógnitas, pero el antiguo senador por Delaware ha sido inequívoco en el tema fiscal: los impuestos subirán. Con ello, aparentemente y atando cabos, emerge la visión de un gobierno federal mucho más asertivo en lo económico, con nuevos o repotenciados programas de corte social; y de una administración Biden cabría también esperar un regreso, cuando menos parcial, de la acción globalizadora de los Estados Unidos en el escenario económico mundial. Todo esto no depende de ellos únicamente. Como quede el balance de poder en el Congreso es fundamental para la aplicación o no de la agenda económica del que resulte vencedor y, más a corto plazo, los mercados globales observan la dinámica electoral con particular interés debido a la necesidad de nuevas rondas de estímulo fiscal para terminar de cruzar el río de la actual crisis.

 

Por ahora todas las métricas dan ventaja a Biden y a los demócratas para lograr la victoria este 3 de noviembre; pero por estas fechas, hace cuatro años, vale decir, los modelos daban amplia ventaja a Hillary Clinton.

 

Editor: Roberto González Milá de la Roca

 

 
 

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