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Mirándonos en el espejo

Actualizado: 28 jul

La grave situación en Colombia debe servir como un golpe de atención a toda la región. Los hechos allá son a la vez de una simplicidad desconcertante y de una complejidad que no deja de sugerir interpretaciones y posibles consecuencias a largo plazo.


Una reforma tributaria propuesta (y eventualmente descartada) por el presidente Duque, que era en realidad necesaria, ha servido para destapar una verdadera Caja de Pandora, de la cual han salido todo tipo de actores a reclamar viejas y nuevas querellas.


El resultado, un país semi-paralizado y hechos de sangre que a la hora de la redacción de este comentario amenazan con continuar. La renuncia del Ministro de Hacienda en medio de la discordia generalizada en las calles es casi lo de menos.


Todos nuestros países, incluido Panamá, comparten las condiciones que han dado a luz los feos sucesos que se observan a esta hora en Colombia. Compartimos economías devastadas por un manejo de la pandemia que cuando se quita toda la retórica semi-científica y pseudo-humanista que nos hipnotizó por más de un año se basó en el infantil e irresponsable supuesto de que podíamos hibernar por meses y que eventualmente, presionando un botón mágico, todo se reactivaría de forma acelerada.


En el proceso de “quedarse en casa” nosotros los latinoamericanos, encerrados por meses, hemos visto cómo los vínculos económicos que nos sostenían se erosionaron y en muchos casos se distorsionaron y hasta se disolvieron; el resultado ha sido un aumento del desempleo, la explosión delirante de la actividad económica informal, la degradación de las finanzas públicas hasta alcanzar niveles alarmantes, una hipertrofia deprimente en los niveles de pobreza, y episodios arbitrarios y grotescos de redistribución de riqueza que eventualmente se van a intentar saldar políticamente; léase en esto último que la mesa está servida para la izquierda.


Ver a Colombia es preguntarse qué país en nuestra esquina del mundo es el próximo y si los próximos episodios serán iguales o peores.


Nuestra región es, por naturaleza, conflictiva: arrastramos muchos problemas y en términos históricos vivimos de precario equilibrio en precario equilibrio, y no se necesita mucho para que se derribe el castillo de naipes. La gran bomba de tiempo puede ser Brasil, pero es imposible saberlo, la bola de cristal no es una herramienta analítica.


Lo que sí queda claro es que para evitar retrocesos históricos nuestros líderes tendrán que demostrar cualidades que no se observaron durante un largo año.


Roberto González Milá de la Roca

 
 

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